No te llamo mío, porque entiendo que tú nunca lo has sido, y, si un día
me ilusioné con este pensamiento, ahora he sido cruelmente castigada. A
pesar de todo te llamo mío: mi seductor, mi embaucador, mi enemigo, mi
asesino, origen de mi desventura, tumba de mi dicha, abismo de mi
desdicha...
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