15 de diciembre de 2012

Cúmulo


No puedo seguir leyendo, mejor pretenderé escribir.
Suena delicado, sincero y serio. Quizás demasiado y por eso mismo no puedo seguir leyendo.
Es demasiado bueno, por ello me aterra. Estoy acostumbrada a desilusiones y maltratos, de manera que cuando algo como esto ocurre me parece fantasía, un sueño, una mentira. ¿En verdad me está sucediendo esto a mi? ¿Por fin puedo tener buena suerte? Buena suerte de tenerte...

No pretendas nada, sé tú mismo. Sé tus letras, con todo y puntos y espacios.
Con todos tus errores y virtudes, pues no deseo un platónico.

Entonces - lloro - reflexiono porque ni siquiera te conozco, eres sólo un cúmulo de letras, de pocas imágenes a tu conveniencia, un libro que no termina de leerse, un monstruo devorador de libros.
Eso, y más o menos.

¿Conocerte? La ilusión se rompería... porque quizás al estar frente a ti, cuando hables, tu voz me disguste y no sea como siempre la imagino cada que te leo, porque quizás seas más de lo que yo podía esperar. ¿Cómo decir que menos?

Si me dieran la oportunidad fortuita de conocerte sin ningún plan consensuado, elegiría un vagón del metro. Yo sentada y tú parado, yo sentada y tú a mi lado, yo parada y tú sentado, no, eso no. Yo en un rincón del vagón y tú en otro. Yo sentada y tú en un rincón para que así te acerques a mí a través de la multitud, empujando y soltando algunos "permiso, disculpe",
de manera que suba mi mirada y desconcertada trate de recordar el rostro de alguien a quién nunca he visto, para preguntarme quién es ése que se acerca cada vez más.

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