18 de julio de 2016
Despertar
Y la tristeza se disipa.
El eterno desasosiego se esfuma.
Las dudas y resabios llegan a su fin.
Mi incredulidad se acrecenta.
Mis manos palpan una y otra vez la otredad ahnelada.
Lágrimas brotan, entre más cerca me encuentro.
¡Abro mis diminutos ojos!
Quiero contemplar cada detalle suyo.
Me ahogo en mi vergüenza,
en su boca, sus labios.
Me sostengo con el poco aplomo que me queda.
Comienzo a temblar.
La euforía me hace estallar.
Tus palabras retuman en mis oídos,
quiero escucharlas una y otra vez,
no dejo de repetirlas constantemente en mi cabeza.
¡Observa! Mírame, mira como estoy completamente indefensa ante ti.
Siempre lo he estado, lo sabes.
Mi piel no miente.
Mi rostro rojo y agobiado.
Mis cabellos enmarañados con los tuyos,
obstruyendo un nuevo encuentro
me dicen que estamos extasiados...
con tan poco y con tanto, al mismo tiempo.
El parque desaparece,
al igual que el chorreante ruído de esa enorme fuente.
El ladrir de los perros jugueteando se vuelve mudo.
La incómoda banca no es obstáculo para acercarnos cada vez más.
- Espera... - te digo.
Vuelvo
Te pregunto:
- ¿Es real?
Tomas mi rostro entre tus manos,
te acercas,
y lo afirmas.
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