20 de diciembre de 2016

Adiós, Gonzalo.

Llega a mi justo al emprender el camino sin retorno.

Toca mis hombros.

- ¡Voltea!
- No más...
- ¡Es real!
- ¿En verdad?
- Lo es.

Así llega la dicha de saberse querida, elegida.
Nunca antes saboreada.

Y se esfuma como el vapor que exhalas una fría mañana.
Incrédula felicidad, volcada en ansiedad e inseguridad.

La esperanza es la cuerda atada al cuello que aprieta hasta ahorcar.
La tristeza inunda aquellas respuestas juradas.
Memorias ahora marcadas por la duda.

Finales que llegan a través de cristales lejanos y fríos.
Rostros descompuestos, las manos sin hallar donde posarse, retumban en mi nuestras voces quebradas.

Eras el día, la noche.
Mi insomnio y amanecer.

Yo encarnaba la breve compañía semanal.
Pero también la entrega total.

Indecisión, la protagonista.
Entierra todo tiempo verbal.

Acaba con lo construido, vivido.
Y muestra las verdaderas intenciones.

Lacera, lastima.
Hiere el alma.

Antes de ti, nada.
Después, sé que vendrá todo.

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