Llega a mi justo al emprender el camino sin retorno.
Toca mis hombros.
- ¡Voltea!
- No más...
- ¡Es real!
- ¿En verdad?
- Lo es.
Así llega la dicha de saberse querida, elegida.
Nunca antes saboreada.
Y se esfuma como el vapor que exhalas una fría mañana.
Incrédula felicidad, volcada en ansiedad e inseguridad.
La esperanza es la cuerda atada al cuello que aprieta hasta ahorcar.
La tristeza inunda aquellas respuestas juradas.
Memorias ahora marcadas por la duda.
Finales que llegan a través de cristales lejanos y fríos.
Rostros descompuestos, las manos sin hallar donde posarse, retumban en mi nuestras voces quebradas.
Eras el día, la noche.
Mi insomnio y amanecer.
Yo encarnaba la breve compañía semanal.
Pero también la entrega total.
Indecisión, la protagonista.
Entierra todo tiempo verbal.
Acaba con lo construido, vivido.
Y muestra las verdaderas intenciones.
Lacera, lastima.
Hiere el alma.
Antes de ti, nada.
Después, sé que vendrá todo.
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