¡Qué fácil le resulta olvidar!
¡Qué sencillo es deshacerse de un
cariño!
¡Sin darle la cara! Hacerlo a un
lado
Tan ávido para retractarse
Y querer retornar al pasado…
Te empeñas
En cada palabra que externas, tus
deseos y añoranza por ella.
Irremediablemente vienen a mi
cada una de las palabras
Que pronunciase a mi oído:
¡Eres tú! ¡Te elijo luego de tanto
tiempo! ¡Quiero que nuestras pasiones convivan!
Cariño, querida, morenita…
Y la lista se despliega como
pergamino interminable
Porque – lamentablemente – las
recuerdo todas
Se encuentran incrustadas en mi
memoria, pues sabes bien cómo te adoraba.
Innegable es el tiempo compartido,
mentirías si dijeras que nada sucedió entre nosotros.
Mi amor fue verdadero.
La entrega…
Traducida en pequeños poemas,
En la puntualidad de cada cita y
encuentro
El detalle de un obsequio
La comida compartida
El insomio lleno de risa y gozo
La noche y el amanecer juntos
La cama
Ciudades redescubiertas
El beso pequeño, noble y pasional
El abrazo interminable
Las cartas extensas que escribí
con mi puño
deposite mis sentimientos en un
sobre gris, justo así me di a ti.
Luego entonces cortas de tajo
Sin mirarme
Te marchas, mientras alzas la
mano desde lo lejos de tu habitación
Te esfumas
Permaneces como sombra
Ahora sólo añoras recuerdos donde
no existo
Los vociferas con lo poco que te
queda en la garganta
Al mismo tiempo, me extirpas
Desechas como una carta sin
destinatario
Nunca creí en destinos ni caminos
Sin embargo, fui devotamente fiel
a los gestos de aquél quien también fue mi amigo
Si un día le encuentro al azar
Reconoceré inmediatamente ese
rostro que tantas veces estuvo frente al mio
Los ojos almendrados y el negro
azabache de su cabello permaneceran
Y aún así, le encontraré
totalmente ajeno, extraño.
Eras bacalar, ahora convertido en
salar.
Por ello me resulta ingrato el
final.
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